Por qué China volvió a crecer cerca del 5% en 2025, según un economista argentino
El cumplimiento por parte de China de su meta de crecimiento económico cercana al 5% en 2025 refleja una combinación de competitividad y expansión sostenida, aun en un escenario internacional marcado por la incertidumbre, las tensiones comerciales y la desaceleración de las economías desarrolladas. Así lo sostuvo el economista e investigador argentino José Quesada, especialista en estudios chinos de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).
En diálogo con la agencia Xinhua, Quesada señaló que el desempeño de la economía china durante 2025 puede sintetizarse en dos conceptos clave: “competitividad y crecimiento”. Según explicó, este resultado debe entenderse como parte de un proceso de transición hacia un patrón de desarrollo más equilibrado y de mayor calidad, donde el ritmo de expansión se combina con mejoras estructurales en productividad, innovación y sostenibilidad.
El investigador destacó que, incluso en un contexto global complejo, China logró sostener su dinamismo económico y proyecta mantenerlo en los próximos años. En ese sentido, recordó que organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) estiman que el país asiático podría crecer alrededor del 4,5% en 2026, un nivel superior al de las principales economías desarrolladas.
Quesada subrayó además el rol central del comercio exterior en el desempeño chino. Las exportaciones continúan siendo un motor relevante del crecimiento, mientras que el sostenido nivel de importaciones permitió que China conserve su posición como segundo importador mundial. Este doble movimiento, explicó, consolida su lugar como actor clave en los flujos comerciales globales.
Otro de los ejes destacados por el economista es el enfoque del modelo de desarrollo chino hacia la alta calidad y la incorporación de tecnologías avanzadas. Según detalló, el impulso de herramientas como la inteligencia artificial y el big data en sectores estratégicos, como la movilidad y la agricultura, permitió reducir emisiones y avanzar hacia un crecimiento más sostenible.
Este proceso, remarcó, está respaldado por un fuerte acompañamiento de políticas públicas orientadas a la modernización industrial y al fortalecimiento de las capacidades tecnológicas. En ese marco, Quesada valoró el impacto del plan estratégico “Made in China 2025”, lanzado en 2015 con el objetivo de convertir al país en una potencia industrial y tecnológica.
La transformación productiva de China, añadió, no se limita al plano interno, sino que también incide en la configuración del comercio y la inversión a escala global, reconfigurando estructuras industriales y flujos económicos. En un contexto de auge del proteccionismo y crecientes tensiones comerciales, el peso estructural de la economía china resulta determinante.
“En la actual situación de incertidumbre, el PIB de China medido por paridad de poder adquisitivo es un 20% mayor que el de Estados Unidos y constituye un factor clave para impulsar la economía mundial”, afirmó Quesada.
Finalmente, el economista destacó el papel de China como uno de los principales motores del comercio internacional y su proyección hacia América Latina. Según explicó, el país asiático no solo es el primer exportador y el segundo importador a nivel global, sino que también se consolidó como un actor central en el financiamiento y la inversión en infraestructura en la región, con préstamos que superan a los del Banco Mundial y proyectos vinculados a la Iniciativa de la Franja y la Ruta.
Con información de Xinhua.