Caramelos argentinos hechos en China
La empresa argentina Georgalos dio un paso inesperado en su estrategia productiva: comenzó a fabricar en China uno de los sabores de sus clásicos caramelos Flynn Paff. Se trata del “Jelly Beans Challenge”, una línea lúdica con sabores extremos (desde calamar hasta “moco”) que no pudo desarrollarse localmente por limitaciones técnicas.
El presidente de la compañía, Miguel Zonnaras, explicó que la decisión respondió a la necesidad de encontrar un proveedor capaz de cumplir con una tipología específica. Así, China volvió a posicionarse como un socio clave no solo por costos, sino también por su capacidad industrial y tecnológica. Aun así, la firma aclaró que el resto de su portafolio (más de 30 productos) continúa fabricándose en Argentina.
El caso expone una paradoja cada vez más frecuente: producir en China puede resultar más eficiente que hacerlo o incluso transportar dentro del propio territorio argentino. Factores como la logística, la infraestructura y la carga impositiva inciden directamente en la competitividad, más allá de la materia prima o la tecnología disponible.
Para el especialista Gustavo Girado, este fenómeno se inscribe en un proceso mayor. China consolidó su lugar como potencia manufacturera global gracias a políticas sostenidas desde fines de los años 70, combinando desarrollo interno con apertura selectiva a empresas transnacionales, que hoy explican cerca del 40% de sus exportaciones.
En este contexto, decisiones como la de Georgalos no son excepcionales, sino parte de una reconfiguración del sistema productivo mundial. La relación entre Argentina y China, lejos de limitarse al comercio de commodities, comienza a extenderse hacia la integración industrial, aunque también deja en evidencia los desafíos estructurales que enfrenta la economía local para competir en ese nuevo escenario.
Con información de Cadena 3.