La “capital de la porcelana” de China que dejó su huella en América Latina
Probablemente alguna vez viste una una taza blanca y delicada, un plato decorado con pequeños dibujos o aquella vajilla de porcelana que se guardaba con especial cuidado y solo salía de la alacena cuando había visitas. Detrás de muchas de esas piezas existe una tradición que comenzó hace más de mil años en China y que tiene como uno de sus grandes epicentros a Jingdezhen, conocida como la “capital milenaria de la porcelana”.
En esta ciudad china, trabajar la porcelana es mucho más que una industria. Generaciones enteras de artesanos aprendieron a moldear, pintar y cocer las piezas mediante técnicas transmitidas de maestro a aprendiz desde mucho antes de la aparición de las fábricas modernas. Ese conocimiento permitió que el nombre de Jingdezhen atravesara fronteras y que sus características piezas terminaran llegando a hogares ubicados a miles de kilómetros de distancia.
Y América Latina fue parte de esa historia. Durante más de 250 años, la porcelana de Jingdezhen cruzó el océano Pacífico a través de la famosa Ruta de la Nao de China. Las piezas llegaban hasta las costas de México y Perú y, desde allí, circulaban por diferentes puntos del continente. Aquellos platos, tazas y objetos decorativos se convirtieron así en testigos de una conexión entre China y Latinoamérica que comenzó siglos antes de los actuales vínculos comerciales y culturales.
La tradición continúa viva. Jingdezhen sigue trabajando para preservar y fortalecer su histórica industria, pero al mismo tiempo se transformó en un espacio de encuentro para creadores de distintas partes del planeta. Más de 5.000 residentes extranjeros viven actualmente allí, atraídos por sus instalaciones y, especialmente, por la posibilidad de aprender, experimentar y crear sus propias piezas en una ciudad donde la porcelana forma parte de la vida cotidiana.
Ahora, ese legado recibió uno de sus mayores reconocimientos internacionales. Desde el 25 de julio, los sitios de la industria artesanal de porcelana de Jingdezhen forman parte de la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, tras la aprobación de su candidatura durante la 48ª sesión del Comité del Patrimonio Mundial en Busan. Así, aquellas piezas que quizás alguna vez estuvieron en una mesa familiar forman parte de una historia mucho más grande: la de un arte milenario chino que cruzó océanos, llegó a América Latina y todavía hoy continúa pasando de unas manos a otras.
Con información de CGTN.
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