El argentino que dirigió la Bolsa de Hong Kong explicó por qué China es tan competitiva
China ocupó un lugar central en uno de los debates del último Coloquio de IDEA. Nicolás Aguzín, economista formoseño que se convirtió en el único extranjero en dirigir la Bolsa de Hong Kong, expuso sobre las razones que explican el crecimiento de las empresas del país asiático y planteó qué elementos de esa experiencia podrían servir para pensar el desarrollo productivo argentino. Después de más de una década trabajando en Asia, sostuvo que reducir la competitividad china a los subsidios estatales o los bajos salarios supone dejar de lado buena parte de su transformación empresarial.
Actualmente integrante del Consejo de Administración de Mercado Libre, Aguzín identificó cinco factores detrás de ese fenómeno: escala, talento, hipercompetencia, velocidad de aprendizaje y ecosistemas industriales. Como ejemplo de la dimensión del sistema, señaló que China gradúa aproximadamente 1,5 millones de ingenieros por año, frente a unos 120.000 de Estados Unidos y 8.500 de Argentina. También describió la fuerte competencia interna: en el mercado de vehículos eléctricos, indicó, existían más de 500 marcas en 2018 y actualmente quedan menos de 100. Las compañías que sobreviven a ese proceso llegan al exterior después de atravesar una intensa disputa por tecnología, precios y consumidores.
Otro elemento destacado fue la capacidad de producir y aprender simultáneamente. Según Aguzín, muchas compañías chinas lanzan rápidamente sus productos, analizan la respuesta del mercado y realizan sucesivas mejoras, en lugar de atravesar largos procesos previos de planificación. A eso se suman ecosistemas industriales en los que fabricantes y proveedores se encuentran geográficamente cerca. Citó como ejemplo la fábrica de Tesla en Shanghái, que cuenta con unos 400 proveedores capaces de cubrir el 95% de sus necesidades dentro de un radio de 100 kilómetros. Para el economista, esta combinación ayuda a explicar tanto la velocidad como la productividad alcanzada por la industria china.
La comparación abrió una pregunta sobre las posibilidades argentinas. Aguzín consideró que el país cuenta con talento, capacidad de trabajo e ingenio, pero señaló al financiamiento como una diferencia fundamental. Mientras los depósitos bancarios en China equivalen, según las cifras presentadas, a alrededor del 250% de su producto bruto, en Argentina no alcanzan el 20%. Frente a los más de US$200.000 millones que los argentinos mantendrían fuera del sistema financiero, sostuvo que recuperar la confianza y canalizar el ahorro interno hacia el crédito y la inversión resulta indispensable para sostener cualquier proceso de crecimiento.
En ese escenario, Aguzín también puso el foco en la relación de Argentina con China y rechazó la idea de que comerciar con Beijing implique necesariamente un alineamiento geopolítico. Mencionó los casos de Australia, Japón y Corea del Sur, aliados de Estados Unidos que mantienen a China como principal socio comercial, y consideró que Argentina puede construir puentes similares. Energía, alimentos, minerales y centros de datos aparecen entre las áreas con potencial, aunque remarcó que serán las empresas las encargadas de convertir esas oportunidades en desarrollo. Su conclusión apuntó así a una combinación de reglas claras, confianza, ahorro interno y compañías dispuestas a competir y crecer.