Más allá de Artemis II: China planea su llegada tripulada a la Luna en 2030
Mientras la misión estadounidense concentró la atención global, China continuó desplegando su programa espacial con bajo perfil y alta frecuencia, consolidando un modelo basado en planificación a largo plazo y continuidad institucional, habiendo cumplido ya varios hitos claves en el camino del hombre a la luna.
Desde Beijing evitaron entrar en la lógica de competencia directa con la actual Artemis II. En cambio, aprovecharon el momento para la difusión de avances propios: en 2026 ya completaron 19 misiones espaciales, incluyendo lanzamientos como el cohete Lijian-2 Yi y el histórico uso sostenido de cohetes de Larga Marcha.
El contraste no es solo comunicacional. Mientras el programa estadounidense suele estar atravesado por cambios políticos (marcados incluso por decisiones de administraciones como la de Donald Trump), el esquema chino se apoya en planes quinquenales y financiamiento estable. Esa diferencia, señalan especialistas, permite a China sostener objetivos de largo plazo sin interrupciones.
Entre esos objetivos figura el alunizaje tripulado hacia 2030 y el desarrollo de la Tiangong como plataforma clave. Además, Beijing proyecta junto a Rusia una base lunar hacia 2035, con tecnologías como la impresión 3D con regolito, que ya se ensayan en misiones como Chang’e-8.
El programa también avanza en áreas menos visibles, como la agricultura espacial y la autosuficiencia en entornos extraterrestres, una línea estratégica que busca anticipar futuras misiones de larga duración.
La Enmienda Wolf, que limitó la cooperación espacial entre ambos países, terminó funcionando como catalizador del desarrollo independiente chino. Hoy, con la Estación Espacial Internacional acercándose a su retiro, China se posiciona como uno de los pocos actores con infraestructura propia en órbita.
Con información de Descubriendo China.