De 1888 a hoy: cómo evolucionó la relación entre Uruguay y China
La relación entre Uruguay y China comenzó mucho antes del establecimiento formal de relaciones diplomáticas. Una reciente conferencia académica repasó los principales momentos de un vínculo cuyos primeros antecedentes se remontan a 1888, cuando un emisario de la dinastía Qing llegó a Montevideo. Cien años después, en 1988, Uruguay y la República Popular China formalizaron sus relaciones diplomáticas, dando comienzo a una etapa de creciente acercamiento político y comercial.
Uno de los primeros capítulos económicos estuvo relacionado con las piedras semipreciosas. Durante el gobierno de Feliciano Viera, entre 1915 y 1919, autoridades uruguayas obsequiaron piedras a un diplomático chino, un antecedente del comercio de amatistas que continúa hasta la actualidad. Poco después, Uruguay decidió avanzar institucionalmente sobre el mercado asiático: en 1920 se convirtió en el quinto país latinoamericano en contar con representación en China, detrás de Brasil, México, Cuba y Perú. En las décadas siguientes hubo períodos de distanciamiento, pero también nuevos acercamientos, como el envío de un representante especial en 1955 para establecer relaciones comerciales y la visita de una delegación parlamentaria en 1959.
El gran punto de inflexión llegó durante la recuperación democrática uruguaya. En 1985, la Cancillería envió una misión con el comercio agrícola como uno de sus principales objetivos y el proceso desembocó en el establecimiento de relaciones diplomáticas con la República Popular China, anunciado públicamente en 1988. Desde entonces, los sucesivos gobiernos uruguayos mantuvieron como política de Estado el fortalecimiento del vínculo con Beijing, más allá de sus diferencias políticas internas. Esa continuidad permitió elevar progresivamente la relación hasta alcanzar una Asociación Estratégica Integral.
El comercio se convirtió en uno de sus pilares. Durante la última década, China concentró alrededor del 30% de las exportaciones uruguayas y Uruguay logró ubicarse entre los países que mantienen un superávit en el intercambio de bienes y servicios con el gigante asiático. Sin embargo, la relación se extendió más allá de los productos tradicionales: la cooperación bilateral incorporó ciencia, tecnología e innovación, con investigaciones y laboratorios conjuntos en áreas como soja y bionanotecnología, además de programas de formación, intercambios académicos, culturales y deportivos.
El caso uruguayo constituye también una referencia para analizar la evolución de los vínculos de China con América Latina, incluida Argentina, donde el comercio, las inversiones, la infraestructura y la cooperación científica ocupan un lugar creciente en la agenda bilateral. La experiencia de Uruguay muestra especialmente el peso que puede adquirir la continuidad de una política exterior hacia Beijing a través de gobiernos de distinto signo político. Al mismo tiempo, la conferencia planteó la necesidad de ampliar la mirada regional hacia el resto de Asia, particularmente hacia las 15 economías que integran el RCEP, además de India y el sur asiático, en un escenario en el que Asia-Pacífico adquiere cada vez mayor importancia para las economías sudamericanas.
Con información de Reporte Asia.