El sorgo argentino gana impulso gracias a la demanda de China
El sorgo se consolida como uno de los cultivos con mayor crecimiento en Argentina en medio de la crisis sanitaria que afecta al maíz en amplias zonas del norte del país. La expansión de la chicharrita del maíz, un insecto que provoca importantes pérdidas productivas, está impulsando a numerosos productores a buscar alternativas más seguras y rentables. En ese escenario, el sorgo aparece favorecido no sólo por sus ventajas agronómicas, sino también por la sostenida demanda de China, principal comprador internacional del cereal argentino.
De acuerdo con un informe publicado por AgroLatam, los monitoreos realizados durante junio por la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis muestran niveles críticos de presencia de la plaga en las regiones del NOA y el NEA. En algunas localidades, más del 80% de las trampas registraron poblaciones extremadamente altas del insecto. El sorgo, sin embargo, posee una ventaja clave: no actúa como hospedero de la chicharrita, lo que reduce considerablemente el riesgo sanitario frente al maíz.
La respuesta del mercado ya comenzó a reflejarse en las estadísticas agrícolas. Durante la campaña 2024/25, la superficie sembrada con sorgo creció cerca de un 25%, alcanzando aproximadamente un millón de hectáreas. La producción total se ubicó entre 2,9 y 3,2 millones de toneladas, uno de los mejores resultados de los últimos años para este cultivo, históricamente considerado secundario dentro del esquema agrícola argentino.
China ocupa un papel central en este crecimiento. Según datos citados por la misma fuente, entre el 90% y el 95% de las exportaciones argentinas de sorgo tienen como destino el mercado chino, especialmente entre mayo y septiembre, período en el que suele fortalecerse la demanda asiática. Para los productores argentinos, esa ventana comercial resulta estratégica, ya que mejora la competitividad del cereal frente a otros cultivos y garantiza una salida exportadora estable.
Además de la cuestión comercial, el sorgo gana atractivo por su capacidad de adaptación a escenarios climáticos complejos. Su sistema radicular profundo le permite aprovechar mejor la humedad del suelo y mantener rendimientos relativamente estables incluso en ambientes con restricciones hídricas. También presenta costos de implantación inferiores a los del maíz y contribuye a mejorar la estructura del suelo mediante una mayor incorporación de biomasa y carbono.
Con información de AgroLatam.