
Por qué nadie se anima a abrir la tumba del primer emperador de China
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Qin Shihuán, el primer emperador que logró unificar China en el siglo III a. C., dejó una huella imborrable en la historia no solo por la magnitud de su poder, sino también por el misterio que aún rodea su tumba. Aunque su mausoleo fue identificado hace décadas y custodiado por el célebre Ejército de Guerreros de Terracota, la cámara funeraria principal permanece sellada hasta hoy, y las razones van mucho más allá del simple paso del tiempo.
El hallazgo que cambió para siempre la arqueología china ocurrió en marzo de 1974, cuando Yang Zhifa, un agricultor, junto a sus hermanos y un vecino, cavaba un pozo en campos de granada y caqui cerca de Xi’an, en la provincia de Shaanxi. Al golpear una cabeza de terracota (que inicialmente confundieron con una figura de Buda) dieron sin saberlo con uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes del siglo XX: miles de soldados de tamaño natural esculpidos durante el reinado de Qin Shi Huang, el emperador que unificó China en el año 221 a. C, conocidos hoy como los Guerreros de Terracota.
El hallazgo se produjo en un momento clave. Apenas finalizada la Revolución Cultural impulsada por Mao Zedong, China comenzaba a mirar su pasado con otros ojos. No mucho antes, en 1969, los Guardias Rojos habían profanado la tumba del emperador Wanli, de la dinastía Ming, arrastrando y quemando públicamente los restos del soberano y de sus emperatrices. En ese contexto, el descubrimiento del Ejército de Terracota despertó fascinación y orgullo, tanto dentro como fuera del país.
La magnitud del conjunto impresionó al mundo. Más de 8.000 guerreros, enterrados en formación dentro de fosas revestidas de ladrillo, parecen tener rasgos únicos, aunque en realidad parten de unos diez modelos básicos de rostros. Originalmente estaban pintados en colores intensos (rojos, azules, rosas y dorados) y portaban armas reales que el tiempo y la naturaleza terminaron por borrar. Hoy, su aspecto monocromático es el resultado de siglos bajo tierra y de la fragilidad extrema de los materiales originales.
El impacto internacional fue inmediato. En 2007, los guerreros “marcharon” al Museo Británico y en solo seis meses fueron visitados por más de 850.000 personas, una cifra superada únicamente por la exposición de los tesoros de Tutankamón en 1972. Actualmente, el sitio arqueológico de Xi’an recibe más de un millón y medio de visitantes por año.
Sin embargo, el mayor misterio sigue intacto bajo tierra. La tumba de Qin Shi Huang, un complejo funerario del tamaño de una antigua ciudad, continúa cerrada. En su centro se alza una pirámide que originalmente habría alcanzado los 100 metros de altura. Arqueólogos y museólogos coinciden en que abrir la cámara funeraria sería un riesgo enorme: en excavaciones tempranas, la laca que cubría las figuras pintadas se deterioró en apenas 15 segundos al entrar en contacto con el aire.
A esto se suma un elemento inquietante. El historiador Sima Qian, en el siglo II a. C., describió el mausoleo como un mundo subterráneo atravesado por ríos de mercurio. Estudios científicos recientes detectaron concentraciones inusualmente altas de este metal en el suelo del área, lo que refuerza la posibilidad de que la descripción sea real y que ingresar resulte peligroso incluso hoy.
Como si fuera poco, las crónicas antiguas hablan de ballestas mecánicas ocultas para proteger la tumba de saqueadores. Nadie sabe con certeza si aún existen, si se han degradado con el tiempo o si podrían seguir activas, alimentando comparaciones inevitables con trampas dignas de una película de aventuras.
Mientras la cámara principal permanece inaccesible, el universo que rodea al Ejército de Terracota no deja de ampliarse. Con el paso de los años se encontraron arqueros, jinetes, carruajes con caballos de tamaño natural, generales, funcionarios, acróbatas, músicos y esculturas de animales en bronce. Incluso análisis de ADN sugieren que parte de la enorme fuerza laboral que construyó el mausoleo podría haber tenido origen europeo, un dato que suma nuevas preguntas sobre los contactos culturales de la época.
Con información de National Geographic y BBC.


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