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Los Bertero, familia de orfebres

Padre e hijo comparten oficio y taller en la provincia de Salta, donde se funde, como la plata bajo la llama del soplete, el pasado, el presente y el futuro de una tradición argentina.

Argentina Robustiano Pinedo

Horacio Bertero nació en San Antonio de Areco, en la provincia de Buenos Aires. Ahí se mantiene un viejo oficio de tiempos de la colonia: el orfebre criollo o platero. Un especialista en dar vida a cuchillos, monturas y riendas, pero también mates y bombillas, marcos para cuadros, santos y cruces o gallos de riña. Su taller es un viaje en el tiempo. En las paredes cuelgan las piezas oxidadas, hojas de puñales, cinceles, moldes y arandelas como un adorno del sonido del martillo y el yunque que suena de fondo y los chispazos del torno, que saltan e iluminan el espacio. Está orgulloso de muchos de sus trabajos, pero aunque no lo diga, lo que más lo llena de orgullo es que en el cuarto de al lado montó su taller de orfebre, su hijo Lisandro. Los Bertero comparten el taller, el trabajo, unos mates, pero sobre todo la pasión por la platería.

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Horacio hizo sus primera armas como artesano urbano en un viaje a Perú. "Ahí comenzó mi primera relación con las pinzas y los alambres, los metales y las piedras". Pero su aventura y coqueteo con el oficio de platero nació en un taller de platería gauchesca en su pueblo natal, donde descubrió que podía “tener una obra en el alma y bajarla a las manos”. La orfebrería era un arte expandido por toda América y fascinó la imaginación de los conquistadores europeos. El mismo nombre de Argentina proviene del vocablo latino “argentum”, que significa plata. Y al río más ancho del mundo que separa Uruguay de la Argentina, los españoles lo bautizaron en 1536, Río de la Plata. 

Pero el oficio tomó su impulso histórico en 1545. De las entrañas de Potosí, en Bolivia, surgió la veta por la que salía más de la mitad de la plata que circulaba en el mundo en el siglo XVI. Fueron tres siglos de arrancar plata de las venas de la tierra. Poco tiempo después del descubrimiento, vivían en Potosí más personas que en Madrid, París o Londres. Con la poca plata que quedaba en el continente resurgió el trabajo de los orfebres que se orientaba sobre todo, a la platería religiosa. Con la irrupción del gaucho en el paisaje colonial antes de la independencia americana, los plateros pusieron su atención en la ornamenta de los caballos y las prendas cotidianas del gauchaje: el facón (cuchillo) y la rasta (cinturón). Desde entonces sigue viva en la Argentina esa llama de tradición. 

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“Yo me siento un platero, más que orfebre”, dice Horacio Bertero a AC News, en su taller en la ciudad de Salta, donde se instaló en 1986 y abrió su propio negocio: “En este oficio uno nunca deja de aprender”, explica. Eso es lo que más le gusta de su trabajo. "Decidí quedarme en Salta y me fui especializando en la cuchillería, dentro de la platería gauchesca". Cuatro gobernadores de Salta usaron sus bastones de mando y hoy es el platero más reconocido de la provincia. "Uno, a través de golpecitos y de la dirección que le va a dando al cincel con la otra mano va ejecutando sobre la pieza un repertorio decorativo y se trabajan muchas horas sobre una pieza. Pero la pieza está terminada cuando uno ya la tiene soñada", dice Horacio. "No me veo siendo otra cosa que no sea platero. Ya es parte de mi genética”, afirma. 

En 2014 restauró las imágenes del Señor y la Virgen del Milagro, que son el máximo símbolo religioso de la Provincia y los santos patronos del pueblo salteño. Fue una gran responsabilidad restaurar esas reliquias que Salta adora todos los años en la misma fecha, desde que se detuvieron los terremotos de 1692. "Es uno de esos trabajos de gran responsabilidad porque perdurará, tal vez, por siglos. Aunque uno es simplemente un platero, muchas veces al taller puede venir el gobernador, puede venir el ganador de un premio olímpico al que el agujerito de la medalla le queda chico y hay que agrandarlo", cuenta con una sonrisa. Uno de sus cuchillos llegó al ex presidente de Bolivia, Evo Morales, que pasó parte de su infancia en Salta.

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Lisandro tenía otros planes para su vida, pero en unas vacaciones se enamoró del oficio. "Yo estudiaba ingeniería en Buenos Aires. En uno de los recesos de la universidad me vine a Salta y me puse a darle una mano a mi viejo en el taller. Me di cuenta que quería vivir de esto. Me gustó y me quedé. Siempre lo vi a mi viejo trabajando de esto y me di cuenta de que quería eso para mi", explica. Para formarse trabajó con orfebres muy reconocidos en la Argentina, como: Jorge Pablo Pallarols, Armando Ferreyra y Patricio Draghi. Se perfeccionó en dibujo estudiando Bellas Artes. “Lo que más valoro de mi trabajo es la libertad que me da”, agrega. 

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El ex presidente argentino, Mauricio Macri, eligió una de sus escarapelas para lucir en una Cumbre del Mercosur (Mercado Común del Sur): “Fue una casualidad muy linda”, cuenta Lisandro del día en que se enteró por una foto en Twitter. Su trabajo es muy distinto al de su padre, aunque los dos hicieron sus propias herramientas: sus martillos y cinceles, como marca una tradición nunca escrita. “Trabajar con mi viejo es muy fácil, pero siempre apunté a tener mi propia carrera. Admiro su capacidad para resolver problemas que se le presentan en cada trabajo”, explica Lisandro. “Soy un artesano. Me río un poco de los títulos”, se define. Los Bertero son una familia de orfebres y en su taller se funde, como la plata bajo la llama del soplete, el pasado, el presente y el futuro de una tradición argentina. 

 

Más información:

https://www.facebook.com/hbertero.plateria/

https://www.lisandrobertero.com.ar/

 

Créditos: Robustiano Pinedo (Textos) Javier Corbalán (Fotos) Tadeo Pestaña y Julián González (Videos)

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