
Feng shui, una práctica china milenaria: el equilibrio entre el diseño y el espacio
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Durante miles de años, el feng shui proporcionó las pautas para la construcción en China. En esta cultura, es indispensable el equilibrio en el diseño, la orientación y la disposición de los objetos en el mundo para lograr un impacto positivo en las vidas de quienes viven allí.
En chino, feng shui significa viento y agua. Su origen se sitúa en un sistema filosófico de origen taoísta. Se lo puede considerar tanto un arte como una ciencia antigua, desarrollada hace más de 2000 años, durante el Período de los Reinos Combatientes de China (475-221 a. C.). Es un cuerpo complejo de conocimiento que revela cómo equilibrar las energías de cualquier espacio dado para asegurar la salud y la buena fortuna. Históricamente, se usó para orientar edificios, viviendas y estructuras espiritualmente significativas como tumbas.
Su margen de acción se encuentra en la frontera de dos mundos: el de la tierra (ken kai), visible y físico, y el del cielo (yu kai), desconocido e invisible. A través del feng shui, el qi que nos rodea se vuelve accesible al qi de nuestro cuerpo, permitiendo que nuestra energía interna fluya con la ayuda de fuentes de energía externas.
Este sistema se toma en consideración al elegir, por ejemplo, las orientaciones de puertas y ventanas para captar la mayor cantidad de luz solar, o la ubicación de los baños o los sistemas de agua. Además del diseño general de un edificio, se tiene en cuenta la decoración interior, el mobiliario y la inclusión de objetos, como las plantas. Colocar muebles en un lugar desfavorable puede traer mala suerte, pérdida de qi o fuerza energética.

Muchos de los monumentos culturales más conocidos de China, incluida la Ciudad Prohibida en Beijing, se diseñaron utilizando estos principios, que son ampliamente aceptados por la sociedad del gigante asiático.
Allí se pueden encontrar pueblos diseñados en su totalidad bajo este sistema. Por ejemplo, Hongcun, ubicado en el sur de la provincia china de Anhui, fue construido durante las dinastías Ming y Qing (1368-1911) y tiene un sistema de agua basado en el feng shui para evitar la propagación de incendios y también para regar las plantas. Fue declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en el 2000.
Sin embargo, actualmente este sistema no está limitado a China: no solo se encuentra en otros países de Asia, sino que su práctica se expandió en todo el mundo y cobró relevancia en los países occidentales, donde existen cursos y diplomaturas para acercarse a este milenario concepto de equilibrio entre el diseño y el espacio.


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