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Los legados de las dinastías Xia, Shang y Zhou- II

Un viaje al pasado para conocer algunos de los elementos de las creencias acerca del "más allá" en la China antigua. 

Arte Ignacio Villagrán
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En lo concerniente al registro de las creencias y prácticas funerarias, los bronces ceremoniales del período de Shang tardío y la transición a la dinastía Zhou (1050-256 a.n.e.) presentan inscripciones referentes a un mundo subterráneo asociado con la vida después de la muerte. Gracias a estas inscripciones, a las discusiones en los textos del periodo clásico y a la iconografía que ha conseguido sobrevivir hasta nuestros días, se han podido distinguir algunos de los elementos de las creencias acerca del más allá en la China antigua. 

Un rasgo característico es la creencia en la existencia de dos ‘almas’, una más liviana (hun 魂) que ascendía al Cielo tras la muerte, y otra (po 魄) que permanecía cerca del cuerpo, en la tumba. Los cambios en las concepciones acerca del inframundo que fueron registrados en distintas fuentes textuales del período Zhou Oriental permiten recrear los distintos imaginarios sobre la vida después de la muerte en el primer milenio antes de nuestra era. Los textos hablan de las “Fuentes Amarillas” (huangquan) y de la “Capital Oscura” (youdu) como lugares de residencia de las almas de los difuntos. La referencia clásica a la Capital Oscura es el poema de Qu Yuan (c.343-277), ministro del estado de Chu a finales del período de los Reinos Combatientes, registrado en las Canciones del Sur (Chuci):


Oh, alma, ¡regresa aquí!  魂兮歸來!
¡No desciendas a esa Capital Oscura! 君無下此幽都些。
Allí reside el Señor de la Tierra, envuelto en nueve círculos 土伯九約,
con sus afiladísimos cuernos. 其角觺觺些。
con su espalda jorobada y sus dedos sangrientos 敦脢血拇,
persigue a los hombres a todo galope 逐人伂駓駓些。
Con tres ojos en su cabeza de tigre, 參目虎首,
su cuerpo como el de un toro 其身若牛些。
Busca saciarse con las personas 此皆甘人。
Vuelve aquí ¡tememos que te encuentres con el desastre! 歸來!恐自遺災些。

Si nos basamos en este ejemplo, el inframundo parecería un lugar tenebroso, gobernado por una figura atroz. Sin embargo, esta no es la única, ni tampoco la principal concepción de la vida después de la muerte en los escritos de finales de Zhou. Los registros muestran una gran diversidad de interpretaciones acerca de qué pasaba con el cuerpo y las almas de los seres queridos una vez que estos fallecían, y sobre cómo debían obrar sus deudos. En los textos clásicos del periodo de los Estados Combatientes (475-221 a.n.e.) encontramos tanto el énfasis en la reverencia y la demostración de angustia por la pérdida de los familiares en los textos confucianos, como la despreocupada visión de Zhuangzi, quien asume que el cuerpo de un difunto simplemente vuelve a formar parte de la naturaleza.

Unos siglos más tarde, una vez establecidas y consolidadas las instituciones imperiales con las dinastías Qin (221-209 a.n.e.) y Han (206 a.n.e.-220 e.C), encontramos imágenes y textos que representan el mundo de los muertos organizado como una gran burocracia, con sus oficiales y sus Ministros, llegando incluso a la Corte Imperial a cargo del Emperador Amarillo (Huangdi) o el Emperador Celestial (Tiandi). Siglos más tarde, durante la dinastía Han Oriental, aparecen sitios especiales, como el Monte Tai en la provincia de Shandong, como un punto de conexión entre el mundo de los inmortales y el inframundo. No es casualidad que los cambios en el imaginario sobre el inframundo hayan acompañado los cambios políticos y sociales de los siglos II y I a.n.e. Sin embargo, debemos cuidarnos de no asumir que los cambios fueron totales u homogéneos, ya que podemos al menos suponer que en un imperio tan extenso y diverso como lo fue el de la dinastía Han, las tradiciones religiosas fueron muy variadas y que existieron creencias locales que no acordaban con las ideas expresadas en los textos que llegaron a nosotros.

Quizás uno de los rituales funerarios más llamativos que se desarrollaron durante la dinastía Han fue la práctica de cubrir los cuerpos de los miembros de la familia real en trajes mortuorios hechos a partir de placas de jade. Una de las piezas arqueológicas más famosas es la mortaja funeraria de jade encontrada en el sitio de Shizhisan, cerca de la ciudad de Xuzhou, en 1994-95, actualmente en el Museo Nacional de Xuzhou. El traje contiene más de 4,200 piezas de jade, siendo el de mayor número de piezas descubierto hasta la fecha. Es también uno de los más antiguos (circa 175 a.n.e.). Las piezas están unidas por un fino cordel de oro, marca del alto rango del príncipe de Chu. El tipo de jade utilizado para la confección de la mortaja se conoce como khotan y es una de las piedras preciosas de mayor valor. Este traje es testimonio de la riqueza de la cultura material de Han, así como de las creencias en la vida ultraterrena y la inmortalidad del alma (Fig. 3). 

Cabe destacar que la ciudad de Xuzhou se encuentra dentro de la esfera de influencia de lo que fue la cultura neolítica de Dawenkou, que se desarrolló entre el 4100 y el 2600 a.n.e. Varios siglos más tarde, la misma ciudad —llamada entonces Pengcheng— fue capital del reino de Chu bajo el mando del poderoso caudillo Xiang Yu (m. 202 a.n.e.). Poco después fue conquistada por Liu Bang (¿256?-195 a.n.e.), el fundador de la dinastía Han (202 a.n.e.-220 e.c.). Tras la pacificación del imperio, Liu Bang nombró a uno de sus familiares, Liu Jiao, príncipe de Chu. Liu Jiao y sus descendientes gobernaron uno de los reinos más prósperos del imperio; la gran riqueza de los funerales de la realeza de Chu son una prueba visible del lujo de la corte de ese principado. 

 Captura
Fig. 3: Mortaja funeraria de jade- Han Occidental. Largo: 175cm, Ancho:68cm. Excavado en el sitio de Shizishan en 1994-5. Museo Nacional de Xuzhou.

Por último, nos interesa resaltar la recuperación de los modelos de bronces ceremoniales de Shang y Zhou en períodos posteriores, sobre todo durante las dinastías Ming y Qing. Si bien gran parte de los bronces estuvieron enterrados durante siglos, durante la dinastía Song (960-1278) se encontraron un gran número de piezas y el interés por las antigüedades se difundió entre la elite intelectual y política. A partir de esta época, se dará una creciente importancia al estudio y a la colección de los distintos tipos de bronces ceremoniales. De esta manera, el vínculo con un pasado distante se consolidaba tanto por la tradición textual como por el registro de la producción material.

 Una de las preguntas más importantes que surgen al imaginar la persistencia y la vigencia de estos modelos es ¿por qué las elites de China imperial tardía se esforzaron por recuperar e incluso reproducir la cultura material de Shang y Zhou? ¿Cuál era el sentido de copiar los modelos de objetos ceremoniales de Shang y Zhou cuando las prácticas sacrificiales habían cambiado tan radicalmente? Quizás haya sido por su valor estético o por su conexión con el pasado venerado. Sabemos, por ejemplo, que el conocimiento de los tipos de bronces y sus usos rituales en el pasado se había convertido en uno de los elementos que definía a un hombre de la elite instruida. A partir del estudio de la cultura material de las dinastías Shang y Zhou, podemos saber más sobre cómo se organizaban, cómo se comportaban, qué pensaban, o en qué creían las elites que gobernaron ese extenso territorio de la llanura del Río Amarillo en la antigüedad. Más aún, estas piezas nos permiten adentrarnos en un universo simbólico fascinante que constituye sin duda, un legado cultural invaluable para toda la humanidad.

*Extracto del Catálogo de la Muestra “Minerales del más allá, tradiciones funerarias en la China antigua”, realizada en el Museo Nacional del Norte (Cabildo de Salta), en conjunto con el Museo Nacional de Arte Oriental, UCASAL, el CEACh-FSOC-UBA y diversas instituciones chinas: Muestra Minerales del Más Allá Museo Nacional de Arte Oriental.

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