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Gastronomía china en Colombia: los restaurantes son la apuesta para superar el racismo y la barrera idiomática

Durante las últimas décadas, se han establecido más de 300 restaurantes chinos en Bogotá y 1.500 en todo el país. ¿Cómo son y qué impacto tienen en la Comunidad?

Gastronomía Clara Baumann
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En 2019, un acuerdo gubernamental sino-colombiano asignó a dos consorcios estatales chinos la financiación y construcción de la primera línea del metro de Bogotá. Siendo uno de los mayores proyectos de infraestructura liderados por China en América Latina, ese Metro de Bogotá promete proporcionar oportunidades de empleo a gran escala tanto para la mano de obra china como colombiana. Mientras que este acontecimiento ha causado mucho entusiasmo y un interesante debate sobre un efecto cada vez más positivo de las empresas e inversiones chinas en Colombia, daré un paso atrás y trazaré las realidades largamente olvidadas de los inmigrantes chinos que se han establecido en Colombia hace décadas. ¿Cómo se ha configurado la vida de los inmigrantes chinos dentro de su población de acogida? y, ¿Cómo han influido los inmigrantes mismos a la sociedad colombiana?

Según el Portal Sobre la Migración en América Latina y el Caribe, viven aproximadamente 25.000 personas de descendencia China en Colombia. Esa comunidad forma un colectivo muy heterogéneo en términos de regiones de origen, campo de educación, profesión, y duración de la estancia. Dentro de este colectivo, existe un grupo muy importante vinculado al mundo gastronómico que está definiendo el desembarco de la comida china en dicho país latinoamericano.  

Como afirman varios expertos, durante las últimas décadas, se han establecido más de 300 restaurantes en Bogotá y 1.500 en todo el país. Así, por un lado, los representantes más presentes de la diáspora china en Colombia son los cocineros. Por otro lado, aunque el número de comerciantes chinos -que han establecido alrededor de 60 tiendas en el centro comercial del "Gran San" en el barrio bogotano de San Victorino- es mucho menor, su impacto en la sociedad de acogida es igualmente alto. Los principales retos para ambos grupos incluyen sus conocimientos frecuentemente escasos del español, la necesidad de trabajar largas jornadas para mantenerse, y la discriminación racial. Todas esas razones contribuyen a la necesidad de colaborar principalmente dentro de sus comunidades étnicas.

Esa estrategia lleva consigo tanto riesgos como ventajas. Por un lado, las extensas redes sociales dentro de la comunidad china facilitan la llegada e integración de nuevos inmigrantes en Colombia. Por ejemplo, el cocinero chino Yi Lu (bajo anonimato), que llegó a Colombia hace más de una década, afirma que tras haber sido invitado por sus familiares chinos en Colombia, no intentaba adquirir ningún conocimiento del español antes de su vuelo: simplemente "compró el billete y se fue". Inicialmente, su estrategia parecía exitosa: tras llegar a Colombia, pudo empezar inmediatamente a trabajar de cocinero empleado en un restaurante chino. Al haber solicitado trabajo únicamente con empleadores chinos, no se encontró con ningún obstáculo debido a sus escasos conocimientos de español o a la discriminación.

Por otro lado, como reporta el presidente de la comunidad china en Colombia, Kenny Tsui, al diario “El tiempo”, esa falta de preparación frecuentemente aumenta la necesidad de trabajar largas horas diarias para lograr el conocimiento necesario del mercado. Cuestión que aumenta  la desigualdad y las desventajas competitivas de los inmigrantes chinos frente a su sociedad de acogida. Generalmente, su encapsulamiento étnico en combinación con sus largas jornadas de trabajo impide el avance de sus conocimientos del español a largo plazo. Eso no sólo  les impide progresar económicamente – por ejemplo, colaborando con miembros nativos de la sociedad colombiana - sino también comunicarse eficazmente con sus clientes locales. 

Otro problema que surge en este contexto es una competencia interétnica. La gran cantidad de restaurantes chinos que se han establecido en Colombia durante las últimas décadas aumentó la fuerte competencia entre sus dueños. Algo de esto le pasó a Yi Lu: al abrir su propio restaurante para lograr una mayor independencia económica y personal después de haberse establecido en Colombia, sufrió grandes pérdidas financieras. Se centró en la preparación de comida auténtica para su grupo cercano por lo que se encontró con un limitado número de clientes en su barrio.  Sin embargo, enfrentando estos desafíos, los cocineros chinos generalmente intentan convertir sus redes internas y su origen étnico en una importante ventaja competitiva. 

Gastronomía, comercio, y discriminación

La percepción de la comida auténtica, promovida por los chinos como empresarios culturales, proporciona un importante incentivo para su consumo por parte de la sociedad de acogida. Como confirma la revista colombiana del “Nuevo Siglo”, los cocineros chinos - formando parte de la comunidad más amplia de personas asiáticas - se benefician de una reciente tendencia hacia la comida asiática en Colombia, la que se percibe como saludable y exótica.  

Por otro lado, irónicamente, son precisamente estos aspectos “exóticos” que aumentan los prejuicios y la discriminación por miembros de la sociedad de acogida: reflejando los estereotipos anti-chinos que existen globalmente, a menudo se sospecha que esos restaurantes rompen con los tabúes occidentales, por ejemplo, sirviendo carne de perro. Aunque esas acusaciones han sido falsificadas, su persistencia revela percepciones racistas generales, marginando y degradando a los inmigrantes chinos. Adicionalmente, estos prejuicios pueden disuadir a nuevos clientes, lo que se traduce en una disminución de la competitividad y los ingresos. No obstante, el mayor interés de la sociedad de acogida por la comida china puede representar un primer paso hacia un acercamiento mutuo y, por tanto, hacia la superación del racismo.

En comparación con dichos cocineros, los comerciantes chinos en Bogotá utilizan especialmente sus redes establecidas con proveedores en China para directamente importar altas cantidades de productos a bajos costos. Esto les permite ofrecer sus productos en el mercado colombiano a precios baratos y así atraer a clientes, y por lo tanto proporcionar una importante ventaja competitiva frente a los comerciantes locales. Así, a pesar de la comparativamente baja presencia china entre la cantidad total de 2.500 tiendas en su principal centro de negocios de San Victorino, los distribuidores nativos los perciben como una amenaza significativa para sus negocios. Varias noticias de prensa confirman que esto lleva a numerosas – y, a menudo, violentas - protestas contra los comerciantes chinos en Bogotá. 

Adicionalmente, la percepción de los comerciantes chinos como un enemigo común para toda la economía colombiana se hace evidente en discusiones y comentarios en línea, frecuentemente refiriéndose a ellos como "cucarachas" o "ladrones". Sin embargo, como estos prejuicios no se relacionan con los productos en sí, las altas tasas de ventas de los comerciantes chinos afirman su éxito económico en Colombia.

En ese contexto, en la comunidad china en Colombia, se discutieron varias estrategias adicionales de solución para sostenerse a pesar de las barreras idiomáticas y el racismo: por un lado, hace varios años, está planeada la construcción de un "barrio chino" como una aglomeración exclusiva de negocios y restaurantes chinos separados de los centros de negocios colombianos. Por otro lado, como confirman las investigadoras Diana Gómez y Luz Díaz en su artículo, durante los últimos años, se han fundado numerosas organizaciones chinas para movilizar a la población colombiana contra el racismo, y para defender los derechos de los inmigrantes colectivamente. Estos intentos revelan la voluntad y la capacidad potencial de la comunidad china en Colombia para superar activamente sus obstáculos.

En conclusión, los inmigrantes chinos en Colombia siempre han enfrentado numerosos desafíos en su integración económica y social en el país. Debido a sus múltiples estrategias creativas de solución – que muchas veces están inseparables de sus estrechos enlaces con su país de origen – existe la esperanza de que su situación mejore en el futuro. Si bien es obvio que los prejuicios y la discriminación anti-china se fortalecieron globalmente durante la pandemia del último año, las ideas innovativas y el gradualmente creciente apoyo de varios miembros de sus sociedades de acogida permiten un cauto optimismo.

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